16 junio, 2010

LA LARGA AGONIA DE CRISTIANO...

Cristiano Ronaldo, durante el entrenamiento.
Efe
No marca con la selección desde febrero de 2009 y en competición oficial, desde la Eurocopa

'Ya me he hecho amigo del Jabulani', bromea para quitar importancia a la racha

Eduardo J. Castelao
Port Elizabeth

Actualizado martes 15/06/2010 09:23 horas
Ameneció con una fuerte tormenta la ciudad en la que hoy (en vivo, 16.00) debuta Cristiano Ronaldo y su Portugal ante Didier Drogba y su Costa de Marfil. Tras 10 minutos de agua salió el sol, que parece se quedará en lo alto hasta que empiece el partido, aunque en Port Elizabeth nunca se sabe. En el hotel de concentración de la selección portuguesa, Cristiano Ronaldo, que no es dudoso, intenta calmar la rabia. Marcó 26 goles en 29 partidos de Liga con el Real Madrid, nadie le puede reprochar nada y sin embargo el portugués lleva varias semanas 'mosqueado'. [Previa gráfica: Costa de Marfil-Portugal]

No le ha sentado muy bien el alarde de la prensa lusa para con él, escribiendo y diciendo casi todos los días, recordándolo, la última vez que marcó con la selección. Fue el 11 de febrero de 2009 en un amistoso ante Finlandia. Después, nada para llevarse a la boca en toda la fase de clasificación para el Mundial, tampoco en la repesca contra Bosnia. Es más, como la prensa es así de 'tiquismiquis', prolonga la racha hablando de partidos oficiales y entonces debe regresar a la Eurocopa de 2008, la misma que Cristiano jugó con un tobillo hecho polvo. Hizo gol ante la República Checa en la primera fase. Desde entonces, nada de nada.

"Los goles son como el ketchup", se defendió este domingo. No es el Cristiano de siempre, y de hecho esa presencia fue la única que pudieron llevarse a la boca durante la semana larga que acumula Portugal en Sudáfrica, aderezada la segunda noche con un robo a tres periodistas que seguían a la selección, uno de ellos español. El caso es que el jugador del Madrid no se ha dejado ver mucho. Entrena, va y viene, pero no habla. Saluda con un guiño de ojos o un leve gesto con la mano. A un tipo como él, gustoso siempre de ser el centro del universo, le tiene fastidiado no marcar para los suyos desde hace tanto tiempo. "Está preparado. Él sabe de su trascendencia a nivel nacional e internacional", dice Queiroz, su entrenador, que siempre tiene un gesto amable, una palmada, un ánimo para su estrella.
Además, la actuación de Messi ha terminado de hacer grande la obligación. Explicado este Mundial como un duelo entre él y el argentino por el trono de mejor jugador planetario, el futbolista más caro de ese planeta no está dispuesto a dejar que los focos alumbren a otro. No tiene miedo a España, ni a Brasil ni a nadie. Se tiene miedo, si acaso, a sí mismo, a que la ansiedad de esa larga agonía sin marcar lo haga jugar pasado de revoluciones, del mismo modo que en el último amistoso, el pasado viernes ante Mozambique, cuando en los 25 minutos que jugó disparó siete veces a portería. A veces desde posiciones buenas, otras desde casi el sofá de su impresionante casa en Madrid. Pero eso era un amistoso. La más grande competición, no obstante, es el hábitat natural de un jugador tremendo como Cristiano. Este martes lo va a demostrar, dicen sus compañeros. Juegue Drogba o no. Eso a él le da lo mismo.