19 julio, 2010

FORTUÑO EVADE ABUCHEO CENTROAMERICANO...



El Gobernador lucía relajado y animado durante la ceremonia de apertura. (Teresa Canino Rivera/META)

Luis Santiago Arce / META
Domingo, 18 Julio 2010

Mayagüez.
Sin presentación oficial, con gran rapidez, notable emoción y con una fuerte ovación que logró opacar los intentos de abucheo masivo, el gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, declaró anoche oficialmente abiertos los Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCAC) Mayagüez 2010 ante un abarrotado Estadio Centroamericano en la Sultana del Oeste.

En una aparente movida para evitar la posibilidad de recibir un sonoro abucheo como algunos sectores anticipaban, el grupo de trabajo del Primer Ejecutivo parece que logró un acuerdo para que el momento de inaugurar la competencia pasara con la mayor brevedad posible, y sin ser presentado de forma protocolaria, aunque el libreto original así lo estipulaba.

Justo al terminar el extenso mensaje del presidente de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe), Héctor Cardona, el Gobernador se levantó de su silla, se paró frente al micrófono y tomó la palabra sin pronunciar el discurso anticipado. “Declaro inaugurados los XXI Juegos Centroamericanos y del Caribe Mayagüez 2010”, expresó Fortuño a toda velocidad, con una amplia sonrisa y chispeante emoción.

De inmediato, un gran sector del público comenzó a aplaudir y a vitorearlo, especialmente en la tribuna principal del Estadio, donde también sonaban decenas de vuvuzelas. Al mismo tiempo, cientos de espectadores abucheaban al mandatario.
Incluso, varios miembros de la delegación de Puerto Rico saltaron a la pista para desplegar una amplia pancarta que dec'ia “Tarjeta Roja para el Gobernador de Puerto Rico”.

Fortuño, por su parte, lucía relajado y animado durante la ceremonia, cuyos mensajes oficiales fueron dirigidos al sentimiento de unidad a favor de la causa deportiva y olímpica.

Previo al acto se anticipaba que Fortuño recibiría un sonoro y masivo abucheo del soberano presente, como le ocurrió a Carlos Romero Barceló en los Juegos Panamericanos de 1979, en San Juan, y a Pedro Rosselló en los JCAC de 1993, en Ponce.