03 febrero, 2010

UN ESTADO DÉBIL Y UN PAÍS MISERABLE...


Alberto D. Prieto Madrid
Actualizado miércoles 13/01/2010 03:22 horas
Fuente: Elmundo.es

Las catástrofes siempre son más graves para los miserables. Y Haití es el país más pobre de todo el hemisferio occidental. Si más del 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, en un país cuyo inestabilísimo Gobierno gestiona un Estado casi fallido y dependiente de los dólares que vienen del exterior, las débiles infraestructuras no ayudarán a la supervivencia de los poco más de nueve millones de habitantes.
A quien le haya sorprendido el enorme seísmo, si no le ha afectado el derrumbe de un edificio, le afectará la terrible falta de capacidad de respuesta de un Gobierno del que no se tuvieron noticias gran parte de la noche.

René Preval ganó las presidenciales de 2006 acabando con dos años de inexistencia de Jefatura de Estado en un país cuyo primer ministro, Jean-Max Bellerive, lleva en el poder apenas dos meses. Haití, primer país independiente en Latinoamérica (1804), suma a la enorme pobreza de sus gentes una extrema debilidad crónica de su sistema político.
Ha sufrido dictaduras y ocupaciones, fue sometido al brazo criminal de los Tonton macoutes, la policía represiva de Jean-Claude Duvalier desde 1957. La Constitución, aprobada tras la huida a París en 1987 de François, su hijo y heredero del régimen autocrático, ha estado en vigor de forma intermitente, ha sido violada en múltiples ocasiones.
Todo la ausencia de política y de un régimen democrático estable explica que Haití ocupe el último lugar del hemisferio americano en el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU. Sólo los habitantes más empobrecidos países del África negra compiten en miseria con los haitianos.

Uno de los terremotos más graves de la década
El terremoto sufrido por Haití es uno de los mayores ocurridos en el cono americano en la última década. El Salvador fue sacudido por dos temblores en menos de un mes en 2001, con un balance de 3.000 muertos y desaparecidos, aparte de 1,3 millones de personas afectadas.

México sufrió un movimiento telúrico similar (7,9 grados Richter) en 2003, pero la mayor riqueza del país y la lección aprendida del gran terremoto de 1985 permitió al país azteca que los daños no fueran tan dramáticos: 29 muertos y 300 heridos. En 2007 fue el sur de Perú y su capital, Lima, donde golpeó la naturaleza. Perdieron la vida unas 1.000 personas y más de 320.000 se vieron afectadas en mayor o menor grado.
Pero Haití es la miseria. Cualquier parámetro de desarrollo consultado coloca al país en los últimos puestos. La alfabetización llega a apenas la mitad de sus habitantes. Y la capital, Puerto Príncipe, donde se halla lo más parecido al desarrollo y donde se arremolinan dos millones de personas, fue tocada de lleno por el temblor.

Y a la tragedia en sí se añade la ausencia casi total de servicios básicos, la alarmante y creciente deforestación de los últimos lustros y el incremento de la población catalogada como urbana pero que en realidad se arremolina en suburbios de chabolas levantadas sin acceso a saneamientos.
La población con acceso regular al agua potable rondaba el 5% antes del seísmo. Esto, añadido a la enorme prevalencia del virus del sida y a la desestructuración social del país redundaba en que la esperanza de vida en Haití es de las más bajas del planeta, ronda sólo los 55 años.

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