30 noviembre, 2010

EL CELADOR DE OLOT CONFIESA OCHO NUEVOS ASESINATOS DE ANCIANOS....

Joan Vila Dilmé mató a sus víctimas con sobredosis de fármacos y de insulina
REBECA CARRANCO - Girona - 30/11/2010


Joan Vila Dilmé, de 45 años, se ha sentado hoy de nuevo ante el juez para confesar el asesinato de otros ocho ancianos a los que mató mientras trabajaba como celador en la residencia La Caritat, en Olot (Girona). Vila ya admitió en una primera declaración que había envenenado con lejía a tres octogenarias entre los pasados 12 y el 17 de octubre, lo que le hace el asesino confeso de 11 internos en poco más de un año.

El juez ordena exhumar ocho cuerpos de fallecidos en la residencia de Olot
El forense encuentra otras ocho muertes no naturales en el geriátrico de Olot
Indignación entre los familiares de las posibles víctimas del celador de Olot
La falta de personal permitió al celador tapar sus crímenes
El celador de Olot pide al juez volver a declarar
Ocho cadáveres esperan respuesta

De los ocho nuevos asesinatos admitidos por Vila, dos corresponden a agosto y octubre de 2009 y los demás a este 2010. En dos casos, el celador quitó la vida a sus víctimas con una sobredosis de insulina y el resto con una mezcla de psicofármacos. Todas las muertes pasaron como naturales para los responsables de La Caritat. El juez que instruye el caso sospecha que los médicos que certificaban los fallecimientos lo hacían sin ver los cuerpos, lo que habría facilitado que Vila continuara con sus crímenes al no sospechar nadie lo que estaba ocurriendo.
El celador, que fue detenido el pasado 18 de octubre, ha explicado que acabó con seis de los ancianos obligándoles a beber un cóctel de pastillas machacadas y diluidas en agua, según ha explicado su abogado, Carles Monguilod. El sistema que dice haber empleado es menos agresivo que el que usó con Paquita Gironès, Sabina Masllorens y Montserrat Guillamet, a las que Vila asesinó obligándolas a beber lejía. El celador mantiene que les mató por pena. Monguillod ha subrayado la importancia de hacer a su defendido una prueba pericial psiquiátrica a su cliente cuanto antes.

La mitad de muertes en su turno
En los cinco años que Vila ha trabajado en la residenciaLa Caritat han muerto 59 personas. Casi la mitad, 27, fallecieron en su turno (fines de semana y festivos). La confesión de hoy le hace culpable de nueve de las 15 muertes ocurridas durante este año. En 2009, fallecieron 12 personas, cinco mientras él trabajaba.
El celador decidió el pasdo que quería declarar de nuevo ante el juez, después de conocer que este había ordenador exhumar ocho cadáveres. "Me sentiré mejor explicándolo", asegura su abogado que dijo. Monguilod insiste en que su cliente niega haber acabado con la vida de más ancianos.
Vila mantuvo también en su primera declaración que únicamente había matado a Gironès, Guillamet y Masllorens. El fallecimiento de la primera destapó los crímenes del celador. La anciana fue ingresada en el hospital Sant Jaume de Olot la noche del domingo 17 de octubre. Allí los facultativos detectaron que la mujer podía haber muerto envenenada con algún producto tóxico. Al día siguiente, Vila reconoció que la obligó a beber lejía con una jeringuilla. Posteriormente, confesó los asesinatos de Guillamet y Masllorens, todos durante la misma semana (del 12 al 17 de octubre pasados).

Entre los mayores asesinos en serie en España
De ser ciertos los crímenes que Vila ha relatado, el celador ha asesinado a 11 ancianos en la residencia en la que trabajaba. Eso le sitúa entre los mayores asesinos en serie de la historia de España, junto a otros, como Manuel Delgado Villegas, el Arropiero, acusado (pero nunca condenado) de la muerte de 22 personas. No tuvo un juicio porque los tribunales consideraron que sufría un trastorno mental que le hacía irresponsable de sus actos. Murió hace 12 años en un psiquiátrico en Cataluña.
José Antonio Rodríguez Vega, apodado el mataviejas de Santander, fue condenado por los asesinatos de 16 ancianas cometidos entre 1987 y 1988. El albañil, además. las agredió sexualmente y les robó. Igual que en el caso de Olot, los crímenes pasaron inadvertidos, porque los forenses creyeron que se trataba de muertes naturales. Rodríguez Vega murió asesinado por sus compañeros de cárcel en octubre de 2002, a los dos días de ingresar en la prisión de Topas (Salamanca).
Francisco García Escalero, al que se conoció como el mendigo psicópata, acabó con otros 11 indigentes entre 1987 y 1993. Joaquín Ferrándiz Ventura asesinó a cinco mujeres (dos estudiantes y tres prostitutas) entre julio de 1995 y septiembre de 1996 en Castellón.
Hace cuatro años, Remedios Sánchez, alias Reme, mató a tres mujeres en Barcelona, ancianas a las que, tras ganarse su confianza, les robaba. Antes, Juan Ignacio Orduña, el asesino de Lesseps, también en Barcelona, mató a tres mujeres e hirió a media docena. El móvil era también económico. Al salir de prisión, volvió a actuar.