15 junio, 2008

TRUJILLO...TEMA DE INSPIRACION PARA MUCHOS ESCRITORES

Cada cierto tiempo los libros sobre Trujillo se publican como en ramilletes, esto es interesante puès pone a la nueva generaciòn (si es que le gusta esa clase de lectura), al tanto de lo que fueron esos aciagos 30 años, lo que sabemos de la malhadada Era es lo que nos han contado nuestros padres y demàs familiares y sobre todo mas que nada lo que hemos leìdo.. pero no todos los libros sobre Trujillo nos atrapan...el ùltimo que leìmos fue la "Fiesta del Chivo"....y fue tal nuestra decepciòn que no hemos sentido deseos por el momento de seguir adentràndonos en los vericuetos de estas lecturas, pero sì queremos dejar testimonio de uno de los primeros libros que leìmos sobre èl "GALINDEZ" de la autoria de Manuel Vàzquez Montalban; màs luego leìamos del propio Galindez "LA ERA DE TRUJILLO", que como ya dijìmos en un post anterior habìa sido presentada en la Universidad de Columbia de New York, a fin de optar por la Càtedra por oposiciòn de Derecho Internacional.

Puès bien, ya que està tan de "modè", estos temas se me ocurre sacar a colación y a propòsito de un aniversario màs del desembarco por Constanza, Maimòn y Estero Hondo, en plena dictadura, lo que nos dice Robert D. Crassweller, autor de "TRUJILLO, LA TRÀGICA AVENTURA DEL PODER PERSONAL", uno de los mejores libros que sobre el tirano hemos leìdo, nos dice en cuestiòn:

"....La acumulaciòn de tensiones durante el invierno y la primavera tuvo su escape el 14 de junio de 1959. Al anochecer de ese dìa, un aviòn "C.46", suministrado por Venezuela, segùn el parte del general Espaillat, y camuflado con enseñas dominicanas, aterrizò con cincuenta y seis hombres armados a bordo en Constanza, en la cordillera central. El aparato habìa partido de una base cubana. Se produjo una breve refriega entre los invasores y la pequeña guarniciòn local.

Los primeros fueron pronto rechazados y un pequeño grupo huyò al interior de las desiertas montañas.

Pero la invasión era de doble persecusiòn. Seis dìas màs tarde, su otra ala batiò desde el mar en lejanos lugares de la costa septentrional. Dos yates, llevando a bordo combatientes voluntarios, se habían reunido con tres fragatas cubanas en las Bahamas. Las fragatas acompañaron a los yates hasta un punto distante a pocas millas de la playa; desde allì, los yates se dirigieron sin escolta hacia un punto situado entre Puerto Plata y la frontera haitiana.

El servicio de inteligencia dominicano habìa calado eficazmente en la expedición, y los mensajes radiados de èsta fueron capturados por aquel. Antes de que los hombres que tripulaban los dos yates pudieran desembarcar, ambas embarcaciones fueron destruìdas mediante cohetes disparados por aviones de la Fuerza Aèrea dominicana, a los que añadieron el fuego de mortero y los bazookas. El Ejercito utilizò napalm en un intento de limpiar el terreno de los pocos supervivientes que quedaron tras el holocausto de los yates y que habìan logrado llegar a tierra e internarse en las cercanas colinas. Detràs de ellos, en la rugosa playa o mecièndose en las aguas bajas, muertos o mutilados en fiera lucha, yacìan los cadàveres de los restantes invasores"...