09 febrero, 2009

REBELION EN LA GRANJA

“El poder tiende a corromperse y el poder absoluto tiende a corromperse absolutamente”.
Lord Acton


En la novela Rebelión en la granja George Orwell presenta una crítica a la sociedad totalitaria, es una fábula de carácter alegórico donde se trata de “dar forma al desorden de la experiencia”, la trama se refiere en realidad a Stalin y a la instauración del comunismo en la Unión Soviética; de esta manera, la narrativa de Orwell cumple la función terapéutica de que habla Eco: “Leer relatos significa hacer un juego a través del cual se aprende a dar sentido a la inmensidad de las cosas que han sucedido y suceden y sucederán en el mundo real”.
Incluso una lectura reciente, una interpretación actual del texto podría aplicarse exitosamente como el símbolo de todas las dictaduras como son la de Manuel Arturo Odriá o la de Alberto Fujimori en Perú, los setenta y un años del PRI en México, la de Fulgencio Batista en Cuba, la de Jorge Rafael Videla en Argentina, la de Augusto Pinochet en Chile, la de Anastasio Somoza en Nicaragua, hasta la de los mismísimos Adolfo Hitler y por supuesto, a Stalin.

La novela consiste, básicamente, en una gran metáfora de la Revolución Rusa y su evolución hacia el estalinismo. Comienza con una reunión de todos los animales en torno al más venerable de todos los cerdos, Mayor, quien les anuncia el advenimiento de una Revolución que acabará con la tiranía del granjero (Mr. Jones), que hasta ese momento dominaba el entorno natural (la granja) con mano de hierro.
Al día siguiente muere el Gran Cerdo Venerable, y poco después los animales, acaudillados por los cerdos, los más inteligentes de entre los mismo, expulsan en una Revolución al granjero Jones y a su esposa. El cuervo Moses, totalmente sumiso al poder fáctico del granjero, huye con él. Al principio, las decisiones en la granja se toman de forma mancomunada, pero bien pronto dos cerdos, Napoleón y Snowball, comienzan a crear partidos enfrentados. Napoleón no es un cerdo brillante, pero su voluntad es más fuerte que la de Snowball, de mente lúcida y grandes ideas, pero inseguro. Las disputas internas se inclinan a favor de Napoleón, quien se hace del poder y Snowball tiene que huir ignominiosamente de la granja. A partir de ese momento, los cerdos van imponiendo una dictadura cada vez más autoritaria. Los llamados heterodoxos van siendo silenciados o directamente eliminados, los cerdos van adoptando los modos de vida de los humanos y, en suma, el dicho “Todo el poder para los cerdos” acaba convirtiendo a los cerdos en hombres.
Es curiosa la claridad con que nos muestra el autor en esta metáfora la degeneración de los procesos revolucionarios en dictaduras; resulta sugestiva la manera en que Orwell exhibe el proceso de cómo salvadores y héroes se convierten al poco tiempo en dictadores, en tiranos. Rebelión en la granja ilustra en Napoleón la personalidad de los tiranos de la historia, su megalomanía, sus perversiones (Napoleón reafirma su virilidad fornicando con cerdas), sus delicadezas (Napoleón adorna su cola con moños de colores), sus villanías genocidas (las ejecuciones ocurridas en la granja por órdenes de Napoleón, por ejemplo la de las gallinas), sus instrumentos de dominación (Napoleón utilizaba de manera eficaz los discursos y la propaganda), y hasta qué punto pueden generar dolor, humillación y vejación (los animales de la granja recibían escasas raciones de comida por largas horas de trabajo).

George Orwell en su fábula plantea que al acumular un poder vertiginoso, el dictador llega los extremos de una crueldad vertiginosa. Lo que le ocurrió al cerdo Napoleón ocurrió a todos los que han sido grandes dictadores; llegan a acumular tal poder que se convierten en monstruos (aunque en la novela irónicamente Napoleón se convierte en humano); este poder crece aún más porque hay una abdicación de los gobernados a la resistencia, a frenar los excesos del dictador.
El presente ensayo tiene como objetivo demostrar que la lectura de Rebelión en la granja es ilustrativa en la cuestión política, pues analiza una multitud de fenómenos de esta especie y de ella pareciera desprenderse una cierta tendencia común en los personajes que poseen el poder en las sociedades. Con este propósito me centraré en el fenómeno del poder.

El autor de Rebelión en la granja analiza la naturaleza del poder de manera sencilla, así por ejemplo indaga los hechos - fenómenos políticos cercanos al concepto de poder, como son fuerza, violencia, coerción, influencia, autoridad, manipulación, dominio, dominación, y consenso. Teoría General de Sistemas, enfoques behavioristas, análisis de fines y medios, estudios de los centros de decisión, teoría de los grupos, enfoques teleológicos, enfoques psicológicos y psicoanalíticos, están reflejados en múltiples pasajes de la obra. Es una fabulosa radiografía política de la corrupción y el horror que rodean al poder sin límites.

Platón definió al poder como “el ejercicio del mando”. Desde entonces la idea que se tuvo del término fue muy cercana al concepto de mandar. Tenía poder el que podía mandar. Poder fue entonces capacidad de ordenar. Fue hasta el siglo XIX, con el positivismo, que se prestó atención a la relación política fundamental entre el mando y la obediencia; nociones correlativas que constituyen la esencia del poder. Cualesquiera que sean los problemas sociales, las técnicas políticas, las tendencias de las revoluciones, el ejercicio del poder – mando-obediencia – no variará ni en su esencia ni en sus presupuestos.

Rebelión en la granja nos enseña que el poder no sólo es la capacidad de dar órdenes, sino que exige, mediante muchos instrumentos, que esas órdenes sean obedecidas. No importa que se hable de un régimen autocrático o democrático, no importa que en nombre de la soberanía del pueblo o de la voluntad general se diga que cada uno y todos obedecen a todos, pero fundamentalmente a sí mismos: la relación mando-obediencia permanece.

El poder, como nos los muestra el autor en su fábula, es una capacidad real –que puede ser legítima (Mr. Jones), autoritaria (la figura del cerdo Napoleón), legal (las asambleas y reuniones que se hacían en la granja los domingos por la mañana), violenta (los perros al servicio del tirano), manipuladora (Squealer)– de mandar de manera definitiva y eficaz de imponer obediencia. En términos más cortos, se puede comprender con la lectura que el poder es la capacidad de hacerse obedecer; Napoleón fue capaz por todos los medios, por todos los matices, de hacerse obedecer. El politólogo H. Lasswell admite que si una decisión no es obedecida no se ha ejercido el poder, no obstante, afirma, la relación mando-obediencia se produce en muchos matices, matices que son abordados por George Orwell de manera espectacular. Así, queriéndolo o no, George Orwell, nos revela que el poder puede ser ejercido por el ejercicio de la fuerza, por manipulación, por coacción, por influencia o bien por consenso.
Orwell exterioriza en su fábula la manifestación más flagrante del poder: cuando la obediencia se produce mediante el ejercicio de la fuerza. Lo anterior se puede ver claramente en el capítulo VII del libro, cuando describe las purgas y el exterminio de la oposición interna dentro de la granja. Napoleón ordena a los perros que desgarraran a los cerdos que habían protestado cuando éste abolió las reuniones de los domingos; las gallinas que habían soñado con Snowball, el enemigo de Napoleón, fueron destrozadas de igual manera; el ganso que había ocultado algunas espigas de maíz durante la cosecha, la oveja que había hecho “aguas” en el bebedero y las dos ovejas que persiguieron a un carnero, (“muy adicto a Napoleón”) cuando tosía, también fueron ejecutados. Francisco Piñón G afirma que “toda política es una lucha de poder... y el tipo extremo de la política es la violencia”. La relación de poder existía al obedecer los animales de la granja las órdenes de Napoleón. Si los animales no hubieran obedecido, se podría decir que Napoleón no poseía poder sobre los animales; pero lo que ocurrió en realidad es que Napoleón se hacía obedecer por la fuerza y la violencia, la relación mandato-obediencia se produjo, y nos deja observar al poder en su forma extrema: violencia.

Siendo más específico, la situación presentada en la novela de Orwell simboliza lo que en política se conoce como “fuerza desnuda”. “Disciplina férrea o la muerte camaradas”, frase del cerdo Squealer que simboliza fielmente a la fuerza desnuda. Se trata de un acto de fuerza, la obediencia debe darse de todos modos. Si la demanda de Squealer por la disciplina o la muerte, impulsa a algún animal a resistirse, los secuaces del régimen “napoleónico” matan a este animal y hace que sus disposiciones y deseos se cumplan. El régimen logra su objetivo, pero el animal no obedeció: lo que Orwell trata de señalar es que en realidad en las dictaduras no existe verdadero poder, se trata más bien de violencia en su forma más pura.

De la misma manera, George Orwell, utilizando exquisitas metáforas, alecciona al lector que la manipulación es un aspecto de la fuerza, mas no del poder. Porque el poder, como señala Andrés Serrano Rojas es racional, implica que el que obedece está consciente de sus actos y por voluntad, aunque coaccionando, acata las órdenes. Al condicionar Squealer los actos de los animales mediante la deformación de la realidad (mentiras son transformadas en verdades y verdades se convierten en mentiras) por obra de la propaganda se puede hablar de manipulación, pero no de poder. Los animales carecen de conciencia y algunos incluso de inteligencia, son acríticos respecto a los actos políticos que ocurren en la granja. La forma más exacta para ejemplificar la manipulación es lo que ocurre con las ovejas, estúpidas, mayoritarias y acríticas, que se dejan seducir por los discursos de Squealer y apoyan al régimen y callan a la oposición a los gritos de “Cuatro patas sí, dos pies no” y posteriormente, gracias a la manipulación, “Cuatro patas sí, dos patas mejor”. El autor nos enseña que la manipulación no es relación entre orden y obediencia, es simplemente la sumisión del otro. La fuerza y la manipulación, como el poder, entrañan obediencia; pero no hay relación racional, consciente entre mandato y obediencia. Squealer no permitía a los animales la conciencia crítica, los seducía con sus excelsos discursos.

Es interesante notar el temor que infligían los perros de Napoleón a los demás animales. La obediencia de los animales se producía en parte mediante la amenaza de sanciones o de intimidación: los animales sabían que de no acatar las órdenes de Napoleón o al cuestionar la efectividad del sistema serían ejecutados, su garganta sería desgarrada, serían destrozados por los perros. Cuando el poder se ejerce mediante amenaza o intimidación se habla de poder en su forma de coacción. Orwell muestra que una relación de poder puede existir si una de las partes –el que manda, Napoleón– puede hacerse obedecer invocando sanciones o amenazas; el poder sería así la capacidad de infligir sanciones a quienes no obedezcan. Para que el poder existiese en este sentido, los animales amenazados estaban conscientes de lo que se esperaba de ellos: trabajar, aumentar la producción y ser disciplinados.
En esta situación de poder, Rebelión en la granja muestra que debe haber una comunicación clara entre el líder, el que da las órdenes, y los que deben obedecer; en este sentido se puede deducir que el poder tiene un atributo racional: los animales (amenazados, atemorizados) comprendían las alternativas que crearía la elección entre el acatamiento y la desobediencia. Si los animales obedecían las órdenes de Napoleón, su estilo de vida mejoraría (solo en teoría), comerían mejor, si desobedecían al régimen “napoleónico” podían ser acusados de traición, su reputación podía ser destrozada (como ocurrió con la de Snowball) o en el peor (¿o en el mejor?) de los casos los hombres regresarían a reconquistar la granja. Las sanciones con que se amenazaba a los animales eran realmente consideradas como una privación para ellos: si no trabajaban lo suficiente comerían menos, si desobedecían o conspiraban serían ejecutados; los animales estaban persuadidos de que la amenaza contra ellos no era vana, que Napoleón no vacilaría en imponerla efectivamente. Con lo anterior, se puede comprender que una relación de poder existe cuando se accede a hacer lo que se manda, lo que se impone (aunque no se desee) porque se está temeroso de que el que manda le aplicará sanciones que considera más graves que el acto de la obediencia. El poder, en este sentido, se fundamenta en la capacidad de coerción, Orwell enseña al lector que miedo y sanción ocupan un papel en la obediencia al poder.

Otra moraleja política que se desprende de esta fábula alegórica es la que se refiere a la influencia. La influencia es “la capacidad para hacerse obedecer, pero sin recurrir ni a la fuerza ni a la amenaza de sanción” .El autor demuestra que en el campo práctico de la política es complejo, tal y como se percibe en la obra, averiguar las razones que se tienen para obedecer, no se comprende obedecen a Squealer ni cuáles son los motores de los perros para obedecer y proteger a Napoleón, o mejor aún, por qué Boxer (el caballo) trabaja tan duro para Napoleón. Resulta complejo averiguar el porqué de esta obediencia ciega, férrea hacia el líder, creo que si el lector estuviera en la posibilidad de preguntar estos personajes el porqué de esta obediencia, los animales no serían capaces de responder si ésta se debe al temor a las sanciones, o por la estima que tienen a los influyentes (Napoleón y Squealer), o por ambas cosas. Orwell, de nuevo, ilustra otra capacidad política.

Únicamente al principio de la fábula, cuando los animales se rebelan contra Mr. Jones y establecen una sociedad nueva (libre e igualitaria) regida según los principios del “animalismo” se puede percibir la forma más pura y ejemplar de ejercer el poder; los animales trabajaban para la colectividad y el bien común, en un mundo en el que no había privilegios y en el que todos compartían entrañablemente los bríos y bienes según sus capacidades . Cuando Napoleón ordena en el mismo sentido que actuarían los animales de la granja, se produce verdadera autoridad. Cuando nace la “Granja Animal” existía un auténtico consenso entre mandato y obediencia, no había necesidad de invocar a la fuerza, ni a las sanciones ni a la influencia. Los animales de la granja obedecían porque consideraban que las órdenes de Napoleón eran razonables en términos de sus propios valores; los animales de la granja obedecían a Napoleón, no porque temían privaciones, sino porque su decisión puede ser racionalizada.

No obstante, Orwell nos enseña que en el ejercicio del poder no es fundamental que la obediencia hacia la autoridad (hacia Napoleón) sea apoyada conscientemente por el razonamiento; es suficiente que la potencialidad de ese razonamiento esté presente y reconocida. Precisamente es en este sentido que Weber habla de dominación: “...entendemos por dominación un estado de cosas por el cual una voluntad manifiesta (mandato) del dominador o de los dominadores influye sobre los actos de otros (del dominado o de los dominados), de tal suerte que en un grado socialmente relevante estos actos tienen lugar como si los dominados hubieran adoptado por sí mismos y como máxima de su obra el contenido del mandato (obediencia)”.

Al concluir la lectura, uno se pregunta si dominación, influencia, coacción, manipulación o fuerza sustentan verdaderamente la relación mandato-obediencia. Según diferentes autores (como los citados con anterioridad) estas nociones sí sustentan al poder. Sin embargo, al concluir la novela y el análisis de la misma, se puede percibir que donde el que obedece es considerado como cosa, en una relación más propia del amo con el esclavo, en donde el esclavo es una máquina de producción, sólo existe la posibilidad de obedecer o de ser desechado. Es quizá por eso que Mario Vargas Llosa afirma que “el poder hay que limitarlo, reducirlo al mínimo, porque cuando a un ser humano se le da todo el poder aparece la crueldad”.

Rebelión en la granja es una novela que permite hacer análisis profundos sobre el modus operandi de la política. En este ensayo analicé la manera interesante del autor de presentar los tipos de poder existentes, sin embargo, es posible de igual manera explorar otros elementos, otras ideas, otros conceptos, otros problemas políticos presentes de manera ilustrativa en la obra como son: los procesos revolucionarios, las dictaduras, las expresiones en piedra de las tiranías, la propaganda, las clases parasitarias, las utopías (igualitarismo y colectivismo), entre otros. Quizá la intención de Orwell no haya sido en su momento el introducir un método de estudio light para la comprensión de los fenómenos políticos, sin embargo como propuesta pedagógica, didáctica y académica, creo yo, es exitosa.

Es evidente que de la fábula de Orwell se pueden conjeturar, se pueden deducir, una multitud de moralejas, no obstante la moraleja universal de este texto podría ser la referente al uso de la fuerza y dictadura, una lectura actual de la obra nos alecciona en el sentido de que la dictadura no es sólo la violencia que se ejerce contra una población inerme, no es tampoco la mentira, es, sobre todo, la corrupción generalizada, donde es imposible mantener una dignidad, una honra personal, porque uno está obligado a entrar en los mecanismos de impostura. Y ése es el legado peor para las futuras generaciones. Los dictadores mueren, pero la herencia sigue.
José Arturo Salcedo Mena
12 de marzo de 2003

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