04 octubre, 2007

LA "COBA".....


La excesiva alabanza se hace, por si, sospechosa de ser insincera.

El que alaba con postración e insistencia es sospechoso de mentir.

El que exhalta en demasìa, arrastràndose, a otro humano como èl, ni pensarlo, no tiene dignidad ni decoro.

A nadie hay que repetirle con tantas laudas sus mèritos y virtudes, porque: si es verdad, ya està, es verdad manifiesta, todo el mundo la ve.

Y, si no es verdad, peor porque miente el adulòn, se arrastra y gana el desprecio.

A todos complace, como se dice "modestia aparte", que, si alguna valía hay en alguna persona se le reconozca. aunque nunca se le diga, por ello, ni media palabra. El que sabe, sabe que lo saben que sabe, y con eso, en tèrminos normales es suficiente.

Ahora, hay excepciones, hay gente que le encanta que le den coba, y le gusta que le quiten el polvo de las hombreras del saco. Es una auto-valoraciòn equivocada, pero, ¿y quien puede con alguna gente?

Y hay otros, la corte servil de alabanciosos que son incansables en el alaba, que alaba, y alaba, y ni eso lo hacen bien.

Porque en la vida, hasta eso, dar coba, hay que saber hacerlo, para no hacer un tollo de alabanzas que a leguas se ve que son mentiras, todas estas estupideces nos llegan desde los tiempos de Trujillo.

Cuentan que en esos tiempos se acostumbrò al pueblo a oir discursos encomiásticos en los que la adulaciòn rompìa los medidores, y se competìa en cual decìa y exaltaba mas, mucho mas.

Segùn leìa en unos de los tantos libros sobre la personalidad, vida y muerte de Trujillo, a este le gustaba. Mientras màs extravagante y estrafalaria fuera la lauda mejor se sentìa.

Tambièn en aquellos tiempos, muchas veces, cuando los mìtines polìticos eran en el interior del paìs, en sitios muy apartados, los discursos eran llevados de la capital y el "orador" no tenìa màs que leerlos repetidas veces antes de hacerlo en pùblico para no equivocarse.

Y la gente veìa y oìa aquello haciéndose la idea de que era lo que debìa ser, lo normal quedàndole por dentro ese criterio errado.

Pasaron los años y la costumbre hecha ley ha permanecido intacta en lo menos desarrollados polìticamente. Principalmente cuando se trata de conseguir cualquier bien para beneficio propio.

Viajando por la historia de las Cobas, muchos Reformistas dicen que tales sahumerios no le gustaban a Balaguer.

La coba es parte de la idiosincrasia del pueblo dominicano, no es cosa de ahora que la llevamos arrastrando y en estos precisos momentos està elevada a su màxima expresiòn,

Balaguer fue, desde sus inicios, figura importante durante la dictadura, y tambièn, en mùltiples ocasiones tuvo que usar el recurso de su oratoria llena de florideces, luminosas metàforas, y elegancia bossueniana para exaltar al jefe, que harto de esto, no le agradaba estar oyendo a su alrededor ese alaba que te alaba, justamente a su persona que no calzaba las botas del Jefe.

El fenòmeno laudatoria de unos hombres a otros no es servilismo por servilismo, ¡que va! Detràs de toda esa cháchara aduladora se refugian las turbideces de intereses personales, por lo regular egoistas y con signo de pesos entre parèntesis.

Se supone que el hombre ìntegro reconozca un mèrito ajeno con elegancia y parquedad. Jamàs alaba por congraciarse con el màs poderoso. Lo que hay que decir, se dice, lo que no, se calla con un don de elegante altura.

Sin discusiòn, el que adula carece de madurez polìtica. No ve al dirigente desde una dimensiòn equitativa, equilibrada, humana sino como un Dios. Tal distorsiòn en la correcta medida de las relaciones sociales y polìticas es fruto de la ignorancia y la estupidez màs gañana.

La vida, dice la Escritura, es efímera como el heno, y su gloria como la flor de heno que aparece por la mañana y en la tarde ya està mustia.

El cobero no sòlo carece de amplitud de miras y cultura sino tambièn de ideas trascendentes, creyèndose, al alabar al poderoso, que se afinca en una columna granìtea e inamovible, y es de una sombra de lo que trata de asirse.

Ahora, hay casos en que se impone la alabanza y el reconocimiento, y entonces, que se haga con generosidad y sin regateo y sin esperar retribuciòn alguna. Aunque ya eso no es coba. Es nobleza. No olvidemos que lo cortès no quita lo valiente!....

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